Polvo, musgo, transparente alga con un bolso sin abrir y un libro sin leer. La esperanza entre dos rostros,ninguna mirada, tal vez alguna que simula un sorbo de vino al anochecer. Pocas palabras y el amago amargo de encajar en un lugar sin roce ni costumbre. Huida hacia el fondo de mi escarcha. Táctil, fiel, resguardado de todo frío, Sodio susurra sus versos sin abrir sus páginas. Tomo nota y cuento hasta cien. La carretera amiga me lleva a casa sin hablar y la noche me abraza como debe abrazar a los solitarios caminantes que regresan, vencidos, al hogar.
jueves, 31 de octubre de 2019
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