AMORES LÍQUIDOS
He vuelto a casa, a los cincuenta metros cuadrados a los que algunos llaman ático aunque no sea más que el piso más pequeño de la cuarta planta de la calle Escuela, en pleno centro de Chiclana. No lo hecho inmediatamente, me he tomado mi tiempo. Después de dejarla en Arranz he conducido con gusto, he pensado poco, he puesto el disco de The Clash y no he parado de canturrear durante todo el trayecto de vuelta. Aún olía el asiento del copiloto a su perfume, no al que acostumbra a llevar sino al otro que se puso cuando la llevé a casa, un Lolita que olía duro. En cierta manera me alegré de oler a nadie, para dejar de pensar en ella rápido, más rápido de lo que suelo hacer. Desconecto pensando en otra, o en el fútbol o en la última reunión del partido. Sebastián no lo hace mal, toma decisiones, ordena y manda como quien pide un favor pero mirando a los ojos con decisión y distancia. No hay dudas cuando mi jefe me pide que le reda...