Después de años de idas y venidas, vuelvo al blog pero con un nuevo objetivo. En él no solamente hablaré de mis inquietudes filosóficas, literarias y musicales, sino que daré rienda suelta a otra parte de mí que tiene que ver con el cuidado del cuerpo y del alma, de las vivencias, de las necesidades del día a día. Mis intereses son muy variados: desde los ya mencionados pasando por la cocina, la alimentación, la creatividad, la gimnasia, la psicología, el cine, las manualidades y todo aquello que me despierte la curiosidad y el hambre por hacer cosas. Julio de 2026 y todo un verano para deshacerme y hacerme, de recuperar energías y afrontar nuevos retos personales. Hoy, como por primer día de mi vuelta al blog, y a punto de cambiarle el nombre (no estaría mal cambiarnos el nombre cada vez que emprendemos una nueva etapa en la vida. Pero ese será un tema para hablar con más detenimiento más adelante), os hablo desde un rincón muy personal en una de las ciudades más bonitas del mundo. Al menos de las que conozco por haber paseado y vivido en ellas. Para decidir cuál es la ciudad más bella del mundo, hay que haberla visitado antes, haber escuchado el sonido de la mañana y sentido su pulso a diferentes horas del día. De nuevo, doy la bienvenida a este blog que a pesar de los pesares, no he cerrado nunca y al que hoy 3 de julio de 2026 rebautizo con el nombre de María Marcel. ¡Empezamos!
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